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martes, 24 de abril de 2012

La princesa anglosajona de Trumpington Meadows.

A principios de año, un equipo de arqueologos de la Universidad de Cambridge investiga en Trumpington Meadows, al sur de Cambrigde, el descubrimiento de unos enterramientos anglosajones asociados a estructuras. De los cuatro enterramientos excavados, uno sorprende especialmente: una adolescente de unos 16 años depositada en una tumba-cama que llevaba prendida en el pecho una joya en forma de cruz.  El conjunto es fechado a mediados del siglo VII. Este hecho significa que el enterramiento de la joven era uno de los ejemplos más tempranos de la presencia del cristianismo en las Islas Británicas.
La combinación un sepulcro-cama y un símbolo cristiano era, en palabras de Alison Dickens -directora de la excavación-, "extremadamente raro". Tan solo se conocía un ejemplo similar en Ixworth, Suffolk.
De la tipología de "entierros de la cama" se conocen trece ejemplos. Por lo general, estaban reservados a mujeres nobles. Estas fueron depositadas, posiblemente, en el lecho que ocuparon en vida, constituido por un marco de madera con refuerzos y soportes metálicos, cubierto todo con un colchón de paja. Todos ellos son anteriores al siglo VII , momento a partir del cual deja de tenerse constancia de tales entierros.
La cruz estaba probablemente cosida a la ropa de la joven. Es una de las cinco piezas similares conocidas en Gran Bretaña. La cruz, con un diámetro de 3,5 cm, estaba realizada en oro y tachonada con granates y datada tipológicamente entre 650-680 dC. Es una verdadera obra de arte de la orfebrería anglosajona, con paralelos en el ataud de Saint Cuthbert, el Tesoro de Staffordshire y el barco funerario de Sutton Hoo.
El cuerpo de la joven estaba acompañado, además, con una bolsa de piedras preciosas y un pequeño cuchillo. La idea de enterrar un cuerpo con ajuar, creencia pagana de una vida de ultratumba, y al mismo tiempo dotarla un signo cristiano, constituye una mezcla de ritos funerarios que es interpretable como propio de una época de transición, de incertidumbre espiritual, o de compromiso político, como veremos más adelante.
El método de entierro y la calidad de las joyas parece indicar que la joven pertenecía a una familia, al menos, de la aristocracia local. Los otros tres enterramientos que la acompañaban son descritos como típicos anglosajones, sin ningún rasgo cristiano. Dos de ellos son de mujeres de unos veinte años y el tercero, quizás, también femenino pero de mayor edad. Es probable que todas ellas murieran al mismo tiempo, probablemente de algún tipo de epidemia. La Crónica Anglosajona menciona que Inglaterra fue devastada por la peste en el 664 dC., fecha en torno a la que se calcula se produjeron los enterramientos.
Las estructuras a las que se asocian estos enterramientos son un edificio de madera, consistente en sala de 12 metros de largo, y media docena de edificios dotados de estancias de almacenamiento semi-subterráneas. Junto a una serie de rastros, induce pensar a los investigadores que era posiblemente un establecimiento monástico. Así pues, de deduce que la princesa y sus compañeras, que bien puderon ser monjas, podría haber formado parte de una comunidad cristiana femenina.

La región del río Granta, afluente del Cam, en Cambrideshire, adquirió una gran importancia económica y estratégica durante época romana. A menos de un kilómetro de la tumba de la princesa se situa el pueblo de Grantchester (derivado de Granta Saete: región del Granta), que originalmente fue una destacada villa romana. Sus propietarios gobernaron el territorio circundante, incluso, posiblemente, después de que los romanos evacuaran Britania. Grantchester, tierra fronteriza, formaría parte, o bien del reino de Mercia, de Anglia Oriental o en algunos de los pequeños señoríos que sobrevivieron temporalmente entre ambos reinos anglosajones.
Según la tradición, el Papa Gregorio Magno envió en 595 al monje Agustín para evangelizar Gran Bretaña. Desde Kent, Agustín y sus seguidores difundieron el mensaje cristiano por toda la Isla. Años despúes, Agustín se convertiría en el primer arzobispo de Canterbury. Pero la difusión del cristianismo no fue tan rápida ni tan fácil entre la población anglosajona y céltica. Las religiones locales convivieron durante décadas con el cristianismo. Muestra de ello es la mezcla de creencias que muestra la tumba de la princesa.
Frente al poder fáctico y espiritual que representaba la Roma de los Papas, los recién cristianizados monarcas anglosajones compitieron entre sí en la fundación de iglesias y monasterios. Es concebible que los padres de la princesa ingresaran a su hija en un convento como muestra de su compromiso con la nueva fe.

Estamos a la espera en los próximos meses el equipo de investigación de Cambridge revele más información acerca de la princesa, de sus compañeras y del yacimiento arqueológico de Trumpington Meadows.

Referencias:

domingo, 4 de diciembre de 2011

Se han descubierto en los pantanos de Cambridgeshire seis embarcaciones y cientos de objetos intactos desde hace 3000 años.

Seis canoas talladas en sendos troncos de roble se encuentran entre cientos de objetos, intactos desde hace 3.000 años, que han sido descubiertos en los pantanos de Cambridgeshire (Este de Inglaterra).
La escala, la calidad y el estado de los objetos, la colección de la Edad del Bronce más grande que jamás se haya encontrado en Gran Bretaña, ha asombrado a los arqueólogos, y eso que apenas se ha excavado una fracción el yacimiento.
Han sobrevivido al tiempo fragmentos de tejido únicos, cestos de mimbre y enmanges de madera. Hay incluso contenedores de alimentos, incluyendo un bol con una cuchara de madera todavía incrustado en el contenido, analizado como estofado de ortiga, que pudo haber sido un plato común en el año 1000 aC. Las embarcaciones -dos de los cuales llevan una decoración inusual- se encuentran en buenas condiciones, pudiendose observar con nitidez la rugosidad de la madera y su color, así como los rastros de reparaciones por sus propietarios.
David Gibson, jefe del departamento arqueológico de la Universidad de Cambridge, explicó que los descubrimientos eran de importancia internacional… “One canoe would be great. Two, exceptional. Six almost feels greedy”. Mark Knight, director del proyecto, agregó: “We talk about bronze age landscapes and it always feels as if we’re looking through a very narrow window, with the curtains partly drawn or slightly misted over. Now it’s as though someone’s opened the windows and we’re seeing so much more”.
La conservación de los artefactos ha sido posible porque estaban inmersos en capas profundas de turba y sedimentos. Cuando estas capas se levantaron … “it’s as if 3000 years never happened. The softest, wettest deposits ensured that past activity has been cosseted”, dijo Knight.
Los artefactos estaban sumergidos en antiguos cursos de agua a lo largo del borde meridional de la cuenca del Flag Fen, tierra que durante miles de años fue afectada por fluctuaciones del nivel del mar. Siguiendo el ejemplo del drenaje de tierras pantanosas de los holandeses en el siglo XVII, hoy en día la región al este de Peterborough es accesible. En el paisaje de la Edad del Bronce -expresó Knight- se podría haber caminado a lo largo de las orillas de la cuenca inferior Fenland y del Mar del Norte para cazar ciervos en época romana, y remontar por Peterborough, pudiéndose observar desde allí una vasta extensión de humedales de turba y pantanos de juncos.
A nivel del suelo, no había indicio de la existencia de los artefactos porque su ubicación eran tan profundas -cuatro metros bajo tierra- que no había sido registrado por el radar aéreo u otros medios de exploración.
A lo largo de 150 metros de un tramo de canal de la edad de bronce del rio, se ha encontrado el ejemplo mejor conservado de la vida en un río en época prehistórica. Hay vertederos y trampas para peces en forma de grandes cestas de sauce, además de fragmentos de prendas de vestir con dobladillos ornamentales hechas de corteza fibrosa y joyas, incluyendo cuentas verdes y azules. Se encuentra una amplia muestra de objetos metálicos, incluyéndose espadas de bronce y lanzas, al parecer, algunos lanzados al río en perfectas condiciones, posiblemente como ofrendas votivas.
Uno de los barcos es de 8,3 metros de largo; el más pequeño de un poco más de cuatro metros. Los hallazgos revelan cómo, con el aumento del nivel del agua en la Edad del Bronce, la gente debió de adaptarse a un entorno de humedales, utilizando los ríos para el transporte, viviendo de lucios, percas, carpas y anguilas. La distancia a la que pudieron viajar con los barcos de registro no está claro. Aunque era poco probable que se hayan utilizado en el mar, una de las espadas encontradas es de un tipo que se encuentran asiduamente de la Edad de Bronce del norte de España.
Una vez recogidos del Fenland, los artefactos deberán ser conservados antes de su exhibición pública. Knight comenta: “Often at an excavation, it takes much imagination for it to become apparent. This site doesn’t need that. It’s intact. It feels as if we’ve actually caught up the [bronze age] people. It feels like we’re there”.

Fuente: The Guardian (4/12/2011)